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Leonardo – historias que leer con un buen café

Texto_Alfred Cortés

Lo han publicado investigadores americanos en la revista científica más prestigiosa del mundo, Leonardo Da Vinci, no existió. En realidad fue un chino el que se hizo pasar por él. Siempre me costó creer hubiera existido alguien tan brillante. Por lo que se ha descubierto, un peregrino chino, llegó a Italia a mediados del S.XV y para poder pasar desapercibido e integrarse en la sociedad italiana de la época, se disfrazó con unas largas barbas y bigote, tal como se nos ha representado siempre la imagen de Leonardo. A ello le sumó, un sombrero que nunca se quitaba en público permitiéndole codearse con mecenas y artistas del Renacimiento, como si fuera uno más entre ellos.

Lo poco que se sabe de él es que es originario de la ciudad de Dingxi, en el centro del país, no muy lejos de la famosa Xi´an. Es fácil suponer que adoptó su nombre chino al italiano cuando llegó al país transalpino pasando del apellido De Dingxi al de Da Vinci. Una vez saltó la noticia, los expertos mundiales del arte se han afanado a repasar cada una de sus obras para descubrir los supuestos engaños. La primera pieza estudiada ha sido la famosa Gioconda. Como preveían, tras un examen más minucioso que los realizados hasta ahora, han observado que originalmente la pintura era un retrato de una señora china. Se cree que es ella, la madre del chino impostor, la que aparece en el cuadro. La pintó él mismo antes de salir del país asiático y una vez en Italia, le adoptó un aspecto occidental.

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Es esta adaptación lo que provocó la enigmática sonrisa que hasta ahora había despistado a todos los grandes estudiosos en la materia. Es extraño que no se hubiera percibido antes ya que ahora cuando uno se fija bien, se ve clarísimo que la mujer del cuadro tiene aspecto oriental. Naturalmente, el Museo del Louvre se ha deshecho enseguida de esta pintura y ahora se encuentra en un supermercado de Marsella decorando el apartado dedicado a la comida china.

Tampoco sus máquinas voladoras son lo que se creía. Por lo que se ha descubierto, el chino, del que aún no se conoce el nombre real, era un experto en papiroflexia. En su país natal, habría fabricado esas famosas naves en papel y una vez en Europa simplemente las dibujó en sus cuadernos. Todos en su época quedaron maravillados, pero ahora se sabe que no eran más que figuritas de papel. Las maquetas realizadas por todo el mundo con su obra, estaban destinadas a ser destruidas, pero finalmente se las ha quedado un museo japonés dedicado al arte del Origami.

Según también se publica y aunque son datos por confirmar, los estudios preliminares que ya se han realizado del fresco de La Última Cena indicarían que la comida que hay encima de la mesa sería: pollo con salsa agridulce, ternera Kung Pao y arroz frito con gambas.En el próximo número de la revista científica, se pone al descubierto que en realidad, William Shakespeare, era un inmigrante polaco.

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